por Juan El Amado
1 de mayo de 1960
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INVESTIDURA POR PROXIMIDAD
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Es Mi Maestro un hombre de lo más intrépido y amoroso, también es sumamente amable, si bien de lo más estricto, – algo que nos consta a quienes vivimos cerca de Él. Jesús tenía ciertos principios definidos con los que vivía. No le pedía a nadie que diera la talla a ese respecto, pero cuando se ama lo suficiente y se desea permanecer en el aura de Aquel a quien amas, esos principios se convierten en tuyos. De esta manera fui investido, mediante la proximidad a la persona de Jesús no-ascendido, con Su fe iluminada y convicción en el Poder de Dios Todopoderoso, el poder para aferrarse a todo lo que es veraz y bueno; el poder para trascender el mal y perdonar el pecado. El más grande regalo que Jesús le dio a Mi humilde ser, fue Su propia Bendita Madre. Ella era un ser bellísimo, aun en su estado no ascendido, quien permaneció sola conmigo en la colina del Gólgota, y después de tres horas de espera con Él, Jesús dijo: “Hijo, he aquí a tu Madre; Madre, he aquí a tu hijo”. Yo, hondamente en Mi corazón, si bien no expresé Mis sentimientos por consideración, me arrodillé ante Mi Maestro, y protegiendo a la Madre María con Mi capa, la llevé a salvo a Betania por el período mientras los dos esperábamos con la total convicción y el conocimiento absoluto, de que la “Vida Inmortal” es más fuerte que la muerte, y que todas las apariencias humanas y males de la época no podían destruirle. Seguir leyendo…. »



